domingo, 2 de mayo de 2010

HOY ESTOY CONTENTO.

Hoy estoy contento.

El Primero de Mayo de 2010 llega con una buena noticia. Quizá no lo vaya a ser para los casi cinco millones de parados, ni tampoco para el descenso del número hogares españoles debido a la vuelta al nido de muchos jóvenes por los problemas para hacer frente a las hipotecas.

Lo va a ser para un gran número de empleadas de supermercado, y más concretamente de uno de ellos, que se reparten por nuestra geografía. Dentro de muy poco, algunas de estas elegidas no deberán preocuparse para llegar a fin de mes. Tampoco envidiarán nunca más las recepciones del embajador, ni buscarán en revistas caducas de la peluquería el sueño del tener que vivir sin trabajar.

El camino hacia ese sueño se lo va a señalar la neocatódica Carmen Lomana. Ella, viuda de un industrial chileno del que heredó más de mil patentes y algunas empresas será la encargada de cantarles el Bibidi Babidi Bu del Hada Madrina de Cenicienta.
Tras su trabajo como relaciones públicas en el Banco del Santander, la viuda del industrial ha tenido tiempo suficiente para cultivar sus refinados modales y quiere compartirlos.

Y como no hay nada más democrático en estos tiempos que las pantallas de televisión, ella las va a utilizar para ayudar, según palabras de su representante, para enseñar modales a unas chicas propias de Carrefour.

Y yo, qué quieren que les digan. Conozco a dos personas que trabajan en un supermercado. Una de ellas es licenciada en Derecho y habla perfectamente dos idiomas. Los tiempos de crísis le han llevado a ocupar un puesto de trabajo para el que no se había preparado. La otra, es la madre de la mujer que más he querido en mi vida. Ella tampoco pensó nunca en trabajar en una gran cadena de alimentación. El amor le llevó a hacerlo y, fíjense, allí ha encontrado una segunda familia.

Ambas son un ejemplo. La primera sigue estudiando y buscando oportunidades dentro del sector para el que se ha preparado y la segunda ha convertido su mostrador en una especie de tribuna desde el que despacha de igual forma boquerones y saber estar.
Ahora, Carmen Lomana, en su nuevo proyecto de televisión, del que afirma va a ser directora va a enseñarles a las dos, y a muchas de sus compañeras, a moverse, a recibir gente, presentarse o a sacar el máximo partido a su físico.

Mire señora Lomana, yo le recomendaría que no se preocupara por eso. Quizá usted no sepa que fuera de la Milla de Oro existen otras preocupaciones. Si fuera posible me gustaría que usara sus influencias, que seguro que las tiene, para hacer que esas chicas puedan trabajar en la empresa de alguno de sus amigos ocupando el puesto que por su preparación les corresponde. También para conseguir que las que ya trabajan en alguno de los supermercados de los que usted las quiere rescatar cumplan los convenios, les faciliten la formación necesaria para que puedan seguir promocionando dentro de la empresa y puedan huir de los contratos precarios.

Seguro que en alguna de las cenas exquisitas que usted prepara, mejor dicho supervisa porque no la veo yo friendo croquetas, puede decirles a sus amigos y amigas empresarias que la preocupación de las jóvenes españolas no pasa por saber andar bien, ni por moverse, ni por recibir gente, ni por sacar partido a su físico. Seguro que les preocupa más saber por qué no pueden conciliar su vida laboral con la familiar, por qué cobran menos que sus compañeros, por qué es tan difícil para ellas acceder a puestos de responsabilidad y por qué el físico resulta muchas veces para ellas imprescindible para evolucionar en la empresa o encontrar un trabajo.

Por cierto, como no creo que usted los frecuente, quería decirle que un supermercado no es un establecimiento en el que su prefijo le conceda la condición de ideal y chic. Es un sitio en el que puede usted comprar de todo pero que no tiene por qué ser necesariamente pijo. No espere usted, si decide acercarse un día, tener que pasar por el photo call antes de entrar.

Si quiere puede preguntárselo a su asistenta. Ella seguro que los conoce. Como yo. Y que quiere que le diga no veo por qué sus trabajadoras necesiten de su ayuda y muchos de los clientes que acudimos no. Amplíe su ayuda a todos nosotros. “Lomana sin fronteras”. Ayúdenos a salir de la mediocridad y la vulgaridad. Y ya de paso, si le sobra tiempo, enséñeme a bailar.

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